28/12/16

Los recuerdos le pertenecen a la mente de cada uno


Alguna vez leí sobre alguien que siempre le contaba anécdotas idílicas de una persona anónima a una chica. La chica había escuchado tantas cosas sobre este chico anónimo que se había imaginado todo sobre él: desde su forma de ser hasta la forma en la que se curvaba su boca al sonreír. Era hermoso ver sus ojos brillar cuando se imaginaba conversando con él. Ella no intentaba ocultar las ganas de conocer a la persona lo antes posible solo para saber si era tal cual ella la imaginaba. Alguien entonces fue muy sabio (diría yo) y me daría mucho material a mí para empezar a analizar este gran paso.

La chica nunca conoció a la persona anónima, alguien le dijo algo como esto: “quien soy para quitarte los recuerdos que tu memoria guarda con tanta ilusión. Esa persona podría ser mejor de lo que has imaginado y eso estaría bien, pero también podría ser lo contrario y eso destruiría todos los buenos momentos que tu memoria ha tejido durante todo este tiempo. Quién soy yo entonces para osar arruinar así un sueño tan hermoso. Quién serías tú para juzgar entre lo mejor o peor sobre la forma de ser de una persona a la cual solo conoces a través de mis propios recuerdos”
Tal vez haya muchos puntos de vista sobre este corto relato dicho a mi manera; tal vez también, yo lo haya escrito de una forma muy vaga y se preste para más interpretaciones de las que existen originalmente. Pero si algo es cierto, es que todos podemos tomar lo que mejor se ajuste a nuestra realidad, y ahí va mi descargo.
Somos personas diferentes y eso está claro. Pero si profundizas eso con la historia de arriba, te darás cuenta que hay mucho pan por rebanar. Para ser concretos podemos estar todos juntos viviendo un mismo momento y sin embargo tendremos imágenes diferentes en nuestros recuerdos. Podríamos decir que son los mismos recuerdos? No. Son recuerdos distintos, cada quien enfatizará en arraigar las circunstancias con las que su interior empate mejor, tal vez grabará más la risa de alguien, o la torpeza del otro, algunos seguro recordarán mejor la hora, el lugar, el olor o hasta la ropa que llevaban puestos. Nunca serán los mismos recuerdos, ni tendrán el mismo impacto en unos que en otros.
Es así como en la historia, todos tenemos la elección de construir los mejores recuerdos que se nos acomoden. Tal vez en la posición de la chica muchos hubieran querido simplemente saber si era como lo imaginó o no y de acuerdo a eso juzgar y llevarse una idea más real;  pero tal vez; también habría quienes preferirían dejarse un lindo recuerdo. Si me lo preguntan a mí, soy fan de conocer a la gente sobre la que escucho historias tan bonitas, pero tengo algo particular, no las conozco por medir mi propia percepción sino por sentir la magia que existe en la admiración de una persona a otra. Me gusta aceptar los recuerdos de la gente, ver en sus miradas lo plenos que se pueden sentir sobre sus buenos recuerdos.
Particularmente, me quedo con la última parte, quienes somos nosotros para juzgar los recuerdos de alguien más? Acaso no todos estamos de acuerdo con que todos somos personas diferentes? Entonces, que más da saber si era o no más bueno, menos noble, más renegón o más flojo de lo que una memoria recuerda a un anónimo. Lo que verdaderamente nos debería importar es cómo esa persona logra hacer que alguien lo recuerde de una manera tan especial.

Lo verdaderamente importante entonces, es cómo podemos impactar en las memorias de las personas con las que nos cruzamos en el camino.
No ensucies tus recuerdos tratando de retomarlos alguna vez, no olvides que nunca volveremos a ser exactamente los mismos que fuimos. Vamos creciendo y también vamos cambiando. Crea recuerdos nuevos, limpios, de cero, sin buscar atar un entonces con un ahora.
Atesora tus recuerdos no con detalles minuciosos que una memoria de pollo (como la mía) pueda olvidar, sino con emociones fuertes! porque ésas el corazón siempre las recuerda.
Vive Libre

Saludos, B. 

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