Apoyando mis sueños

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Sé siempre lo quieras ser. 


Es algo que me he repetido desde que decidí renunciar a mi trabajo.

Como sé lo indecisa e insegura que soy me dediqué a alimentar mis ideales con todo lo que estaba a mi alcance para evitar a toda costa dar un paso atrás: escuchaba canciones, leía blogs y libros, averiguaba cosas que siempre soñé intentar, veía a los niños salir de la escuela y tenía pensamientos retóricos sobre lo que soñaba en esa corta edad.

Dejaba que mi propia consciencia me diga que es lo quería hacer con toda pasión, me dejaba llevar horas por cosas imaginarias que podía lograr, era alucinante.

Empecé a tener más pláticas conmigo misma, volví a cantar a todo pulmón y con todas las ganas del mundo, volví a escribir, volví a pintar, dejé de pensar en los gastos y comencé a invertir en cosas que no me traían más beneficios que ser realmente feliz en ese momento.

Me di cuenta que era bueno enfocarme en mis debilidades, en forjar un carácter más justo con mis ideales, a tener mis convicciones fuertes y a fortalecerlas continuamente. A veces, cuando no tienes esto en práctica ocurre que ante cualquier duda uno tiende a echarse para atrás, a olvidarse del asunto para no arriesgar. Eso era algo que no estaba dispuesta a permitir. 


Respaldo familiar


Poco a poco la confianza en lo que quería se fue asentando más y más. Cuando ya faltaban unas semanas para hablar con mi jefe decidí comentarlo en casa.

Yo: Mamá, voy a renunciar a mi trabajo
Mamá: Por qué? Ya te aburriste? Buscarás trabajo en otro lado?
Yo: No. Aun no sé qué haré, pero me decidido irme de mochilera por el mundo.
(momento de silencio)

   De hecho, no buscaba su aprobación (soy una persona adulta y siempre me hice responsable de mis decisiones) pero me interesaba conocer su opinión y también poner a prueba toda esa confianza que sentía que había ganado.

Mi mamá y yo hemos sido siempre muy buenas amigas, y es ella quien más me ha ayudado a formar una visión abierta del mundo, tal vez por eso me sorprendió un poco que se mostrara inicialmente en contra.

Entiendo que para los padres no es sencillo respaldar este tipo de decisiones tan arriesgadas, ellos piensan en nuestro futuro, en lo que ocurrirá cuando no estén para protegernos. Sin embargo, también creo que juzgan bajo sus propios temores y sus propias experiencias lo cual puede llevar a limitar nuestra propia vida y nuestras experiencias.

Dicho esto, como se supone que podemos ir más allá, que podemos lograr más, que tengamos un futuro mejor, sino arriesgamos. Si vivimos bajo el temor de que lo que peor pueda ocurrir o de que no seremos capaces de solucionar nuestros propios errores.

Se necesitan más padres que respalden locuras, que enseñen a tomar riesgos en pro de algo que nos hace felices, que nos dejen salir al mundo sintiendo su amor no su sobreprotección, que nos formen seguros y sin miedo al fracaso.

Después de esta ocasión decidí no tocar muchas veces el tema, excepto cuando no podía evitarlo porque -al no escucharme hablar de ello-, mi mamá buscaba por sí sola la conversación.

Creo que en el fondo tenía la esperanza de que me haya olvidado de esa idea, así como muchas otras locuras que dejé atrás. Pero tú y yo sabemos que eso no ocurrió.


*Nota agregada posteriormente:

Al poco tiempo de renunciar, ya casi cuando pasaba mis últimos días en el trabajo (y teniendo aún el rechazo de mi mamá a la idea), ella decidió iniciar la conversación nuevamente pero esta vez con mi abuelita:

-          Mamá, tu nieta dice que ha renunciado  a su trabajo para irse de viaje por el mundo. Dile que está loca!
-          Loca? Déjala que haga lo que ella quiera, que se vaya de viaje, que disfrute, que viva. Al final, todos acabamos viejos y cansados como yo ahora.


No pude evitar sonreír al escuchar su respuesta. Ella fue una de las primeras personas que dijo algo a mi favor. Aunque sinceramente no sé si lo haya hecho creyendo que en realidad haría ese viaje o solo por hacerme sentir bien.
No importaba en ese momento, tampoco importa ahora, lo único que importó fue esa sonrisa mía sintiéndome apoyada ¡Que grande respuesta abuelita!


Creyendo en los sueños


Mi mamá finalmente entendió que esto me hacía feliz y que no era una locura pasajera ocasionada por el alto estrés del trabajo. Y fue así (y seguro también con el empujón de mi abuelita) que ella termino creyendo que haré realidad este sueño.

Este proceso lo puedes hacer sola, pero siempre habrá un momento en el que necesites de esa fortaleza que te falte, esa creencia que a veces se quiere escapar. Trata de tener a esas personas a tu lado.

No voy a negar que aún tengo un temblorcito en el corazón y una vocecita pequeñita en la cabeza que me preguntan ¿qué haré, como me irá, podré solventarme todo ese tiempo?

Pero sabes qué, todo lo digo en diminutivo porque así lo siento, todo mi proceso fue largo porque yo necesité sentirme segura, saber qué era lo que quería en verdad, tardé un año en decidir -por fin- renunciar, en sentar mis propios cimientos y poder armar para mí misma un argumento de concreto que no se vendría abajo por cualquier comentario o por cualquier duda.

He aprendido de mi misma, de mi forma de hacerme fuerte. He aprendido a decir no, a decir esto es lo que realmente quiero. He aprendido a transmitir que hay cosas en la vida más importantes que trabajar y comprarse un depa o un carro. Hay más para vivir que solo ahorrar para la vejez.

Leí tantas veces que cuando uno viaja aprende más sobre uno mismo que sobre el mundo, yo aún no empiezo a recorrer el mundo, pero siento -en todos los rincones de mi interior- que mi viaje ya comenzó hace mucho y que estoy aprendiendo más de lo que esperaba.

Que feliz estoy.


Me encantaría leerte también !Déjame un comentario si tienes un minuto.
Te mando un súper abrazo, B.

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