El último día en mi trabajo


Primer viernes de agosto, un mes después de renunciar, una semana más de la fecha que acordé. Así inició ese último día en el trabajo.

Me hice tarde como de costumbre y me fui en taxi para disfrutar del corto camino al edificio que me recibió 5 años de mi vida 8 hrs diarias. No diría jamás que fue un día triste y que pensaba en todo lo que estaba dejando. Por el contrario iba feliz, repitiendo las canciones que me acompañaron durante todo el tiempo que demoré en renunciar y sonriendo como si fuera la persona más segura de esta tierra.

Me sentía alucinada. Parecía que estaba siendo filmada en una película inspiradora donde obviamente yo era la protagonista, con buena música, con una sonrisota y con un lindo clima. El genio me había cumplido el primer deseo.

Mientras subía los cinco pisos, me despedía mentalmente de la gente con la que me encontraba y quienes no sabían que ya no me verían más me saludaban como cualquier otro día. Debo confesar que soy amante de hacer este tipo de cosas : desaparecer sin aviso. Me gusta no dar relleno, no hablar de más, y lo mejor de todo no ser cuestionada. Sí, ahora que lo recuerdo , fue excelente.

Cuando llegue a mi piso, vi mi escritorio por última vez. Agarré mi celular y le saqué una foto. Quise empezar mi día como todos los otros pero disfrutando de cada cosita pequeña que tenía por costumbre y que no volvería a hacer más. Ojo, no del trabajo en sí, sino de mi jornada laboral. Agarré mi taza y me fui a hacer mi pausa activa de 15 minutos con mis amigas, reí, las miré, me dieron nostalgia. Eran las dos únicas personas que supieron que me iría desde el momento en que renuncié, y era extraño estar ahí empezando el último día de trabajo juntas.

Ya empezaba a trabajar como 1 hora tarde pero ya no importaba. Revise hasta el último rincón de mi laptop por última vez, después de una docena de veces anteriores. Organicé lo mejor que pude todo, no quería irme dejando las cosas peor de lo que estaban. En el trabajo siempre tuve un buen trato y no quería irme mal.

En el almuerzo de despedida intuí que lloraría y así fue. Recibí palabras hermosas de mi jefe y de un nuevo jefe que recién había conocido un mes atrás. No recuerdo con claridad todo pero escuchar como la gente puede confiar en tus capacidades cuando ni tú estás segura de lo que puedes lograr es algo que da mucha fortaleza.

En ese momento entendí lo bonito que es el reconocimiento a alguien y como puede aportarle a la otra persona. Para que se haga una idea , recuerdo algo como " espero que te vaya muy bien, no, no espero, estoy seguro que te irá muy bien, tu lo harás muy bien,como todo lo que haces" waooooo! Hasta ahora me saca una sonrisa de agradecimiento. Gracias gracias , gracias!

Ese día trabajé hasta más tarde y fue sencillo despedirme de quienes se fueron antes que yo. Luego el mail de despedida típico para quienes se enterarían una vez que lo envíe y listo! Oficialmente era una ex empleada.

Hora de la despedida con trago y parranda. Fuimos 5 inicialmente pero una de ellas se intoxicó minutos antes(Sí! Se intoxicó!)Así que la parranda se redujo a 4! Aquí debo aclarar que soy de las personas que ama, adoooora, las reuniones súper íntimas, le encuentro un toque bastante personal y me encantan! Así que ésta despedida no podía ser la excepción.

Pisco por aquí , más pisco por allá y empezó la ronda de bromas, de risas, de recuerdos y de lágrimas. Fue una noche linda con gente llena de sinceridad. Dije cosas que guardaba, les compartí mis sueños, mis miedos, mis propios recuerdos. Fue una salida que siempre quiero lograr pero pocas veces se da de esa forma exacta. Tal vez, pensándolo ahora, sólo motivos como ése hacen salidas como esas donde la gente se abre así.

Antes de volver, me tocó la despedida más difícil que tuve en mucho tiempo. Y lo peor fue que yo no la vi venir. Mi amiga rompió su cascarón y me mostró lo mucho que me extrañaría. Yo no sé si la gente pasa por nuestras vidas con un propósito pero por lo menos yo, siempre trato de ser un desvío para que puedas ser conmigo quien en verdad eres. Eso paso con ella y sus palabras fueron la confirmación de que había cumplido mi propósito.

Fue un día fácil y una noche difícil. Un día completo que cerró con broche de oro una etapa que dejé atrás aquel primer viernes de agosto.

Ese madrugada antes de dormir recordé mi primer día, mi primer problema duro, mi primera vez llorando de impotencia, mi trabajo interminable. Esa madrugada dormí profundamente sin insomnios. Había terminado la espera.

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